En un contexto utópico, un diente debe perdurar durante toda la vida, manteniédose a salvo de la enfermedad o el trauma. Sin embargo, en el mundo real, un diente sufre vicisitudes, haciendo necesario a menudo la intervención clínica para asegurar su viabilidad. Frente a
una postura pesimista, desde su aparición hasta su desaparición final, un diente puede sufrir las siguientes secuelas patológicas: caries incipiente, de fisura o proximal, lesiones cariosas intracoronarias, caries avanzadas en mútiples superficies, compromiso endodóntico, restauración extracoronaria, compromiso intra y perirradicular con afectación periodontal o no que conduce a la extraccioÅLn y el reemplazo final ya sea mediante una proÅLtesis (removible o fija) o implantes dentales.
Desde la perspectiva optimista, no es un hecho consumado que estos eventos sean inevitables; la intervención clínica en cualquier etapa
puede evitar su progresión a la siguiente, más destructiva, eventualidad. Todas estas etapas antes mencionadas requieren algún tipo de intervención clínica para preservar o sustituir los dientes perdidos.
Esta es la premisa básica de la prostodoncia.
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