Desde que en 1998 fuera realizada la primera exploración PET-TAC por Townsend y en marzo de 2001 comenzaran a comercializarse las primeras cámaras esta técnica combinada se ha extendido rápidamente, debiéndose su éxito fundamentalmente a que la integración de estas dos modalidades aporta información de índole funcional, metabólica o bioquímica gracias a la PET y una mayor precisión en la localización de las lesiones por la asociación de la TAC, cuya aportación es de carácter morfológico, estructural o anatómico lo que ha permitido una reducción significativa de los hallazgos dudosos o indeterminados de la PET y de la TAC. Además, el uso de la TAC para la corrección de atenuación de las imágenes PET, ha supuesto un acortamiento considerable en el tiempo de exploración ha mejorado la calidad de la imagen y ha ampliado sus indicaciones.
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